Comunicacion Organizacional, RP y medios sociales

COMUNICACIÓN, RELACIONES PÚBLICAS en las organizaciones. MEDIOS SOCIALES. Medellín-Colombia

Comunicador

Características de un comunicador

El comunicador debe ser un líder

M.A. José Samuel Arango Martínez*

Ser líder es cada día más complicado. Casi que estamos hablando de Supermán. La gente espera mucho de él y no le perdona ninguna falla. La crítica es inclemente y de poca caridad. Puede afirmarse que la gente aún cree en los líderes, pero los mide con una vara muy corta. Por ello, vamos a enumerar algunas de las características que un líder moderno debe poseer, desarrollar, proyectar. Así veremos que no es fácil, quizá por eso muchos son los llamados y pocos los escogidos. Además, quien no se compromete a ser líder pleno, es mejor que no lo intente. Un líder flojo, mediocre, fracasa. Que no se diga de ellos que “haced lo que ellos os dicen pero no obréis conforme a sus obras”.

El líder tiene que ser un buen comunicador. Si no es capaz de comunicarse todas sus acciones estarán limitadas y no será eficaz.

CUALIDADES

Lo que hace que una persona sea lo que es. Para el liderazgo y para la comunicación hay que  tener cualidades, como para cualquier profesión.

Simpatía. Empezamos por una cualidad que aparenta ser superficial, pero que no lo es. La simpatía es simple y llanamente, el reflejo del alma, de la abundancia de la alegría en el corazón. Es casi imposible creerle a un líder que no irradia, no se le sale el entusiasmo por los poros. No se concibe ni se acepta un líder mal genio, mal encarado, con neurosis facial negativa. A un antipático, no lo sigue nadie. Porque la simpatía es el rostro de la riqueza interior.

Sensibilidad. Es inherente a todo buen comunicador la capacidad de comprender y compadecerse. De sentir el mundo que lo rodea. De ser compasivo y comprensivo. Incluso de manifestarlo, en contra de algunos patrones culturales que  inhiben la expresión de los sentimientos especialmente a los hombres y más específicamente a los líderes. El sentimiento es un elemento que hace al hombre más completo. Sentir es vivir.

Empatía. Capacidad de entender y ponerse los zapatos ajenos. Es escuchar y comprender lo que los otros dicen, sienten, piensan. Es la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Por lo general, los hombres creen y ven el mundo desde su propio ángulo, y la mayoría de las veces descartan las otras oportunidades. La empatía nos permite llegar al otro sin atropellarlo. Aceptar la diferencia, respetarlo. Nace del conocimiento del otro, de su interlocutor, de su público.

Carisma. Es el magnetismo, la autoridad, la admiración que se despierta cuando un individuo irradia respeto, interioridad. Es una fuerza de atracción que no es fácil describir pero que se siente con evidencia y fuerza arrolladoras. Carisma es la combinación de vida interior, prudencia, sabiduría, simpatía. Es una cualidad de verdad escasa. Pero un hombre con carisma es sin duda un líder en su campo. Es el carisma que irradiaba Juan Pablo II o Teresa de Calcuta, o Mahatma Gandhi, o Jesús. No se logra o manifiesta sin una intensa vida interior, espiritualidad.

Sencillez. Si se quiere saber si alguien es verdaderamente sabio y valioso, veamos su sencillez. Los filósofos, que se adentraron en el conocimiento y la sabiduría no  aceptaban a los orgullosos: “Sólo sé que nada sé”.  La sencillez es una manifestación de la sabiduría, de la profundidad del hombre humano y espiritual. El orgullo es un cáncer que corroe el alma. Y la gente, el común, rechaza al orgulloso y prepotente y admira y acata al humilde.

Autoestima. Esta es una cualidad sine qua non, para desarrollarse como ser humano integral, como buen comunicador, como líder. Curiosamente es escasa dados los planteamientos que la tradición ha plantado para nuestra cultura religiosa. Hasta hace muy poco el hombre era una piltrafa, un gusano, un ser despreciable. Además, se demostraba que mientras más se sufría más cielo se alcanzaba en la vida eterna. Eso sí para amarse a sí mismo es primordial conocerse a sí mismo. “Gnosce te ipsum”. Pero no hay duda que el mayor desconocido para el hombre es uno mismo. Y entonces no se desarrollan equilibradamente los otros amores. La autoestima está en la base de la relación con los demás.

APTITUDES

Disposición natural o adquirida. Generalmente se deben a las dos formas. Se nace y se hace. Es triste ver como a veces se nace con ellas pero no se  desarrollan.  Hacerlas sin poseer predisposición para ello  es bastante difícil.

Observación. Un buen comunicador,  para serlo, tendrá que ser un excelente observador. Percibirá el mundo que lo rodea con sus cinco sentidos y será capaz de expresarlo también con sus cinco sentidos. El comunicador es una antena receptora que capta hasta los detalles más insignificantes, los entiende y los codifica. Sin una buena capacidad de observación será prácticamente imposible desarrollar una comunicación efectiva.

Condensación. Es la capacidad para sintetizar lo observado, resumirlo o reducir a menor volumen. Es llegar a lo esencial sin blablablear, defecto fatal de nuestra cultura educativa, política y religiosa.

Abstracción. Capacidad de generalizar y sacar conclusiones, de no andar por las ramas, de separar y considerar aisladamente las cosas unidas entre sí. A veces es más difícil que meterse a hablar de todo y de nada. La capacidad de abstracción está muy unida a la brevedad, una de las condiciones esenciales del buen comunicador.

Lucidez. Es la facilidad de comprender y de relacionar. Esta aptitud es menos frecuente de lo que se cree. A la gente, por lo regular hay que darle todo masticado, de fácil comprensión, detallado o pegado con historias o parábolas. “Para que entiendan”. La gente, con historias, se vuelve lúcida.

Claridad. Expresarse inteligiblemente y sin ambigüedad. No dar rodeos ni utilizar formas alambicadas. Es llamar las cosas por su nombre. Usar los sustantivos y dejar a un lado, en lo posible los adjetivos o pronombres y los verbos compuestos. Usar un lenguaje entendible para el público al que va destinado, en sus formas y sus ejemplos. Es no dejar dudas o confusiones o lagunas.

Orden. El desorden es el pecado original de las palabras. Las ideas sin orden son blablablá. Sin orden no hay claridad, no hay interés, se malgasta el lenguaje.  Las ideas deben estar claramente organizadas para que puedan entenderse. Para ello es necesario, siempre que se va a hablar, hacer esquemas, para que se organicen las ideas. Ideas sin orden hacen perder la idea.

Coherencia. Es la capacidad de relacionar ideas y evitar la contradicción.  Es resultado de una claridad de pensamiento y de un esquema previo para hablar. La contradicción y la ambigüedad , que son el contrario de la coherencia, llevan a la confusión.  En el caso de los líderes en especial, debe existir coherencia clara entre las palabras y los hechos. Entre lo que se vive y lo que se habla. El ejemplo es la mejor enseñanza.

Concisión. Es ir a lo esencial, no divagar. Decir mucho hablando poco. Brevedad. Es impresionante observar que en la mayoría de los casos sobra más de la mitad de las conferencias.  La concisión no es fácil, porque significa una mejor preparación. La vaguedad, su antónimo, suele ser indicio de una preparación deficiente. Es más fácil escribir largo que corto.

Precisión. Se refiere al uso de un vocabulario claro y preciso. Llamar las cosas por su nombre y de acuerdo con el vocabulario propio del público al cual uno se dirige. A veces, por un falso ilustracionismo o por ser muy “interesantes”, los líderes utilizan un lenguaje difícil, incomprensible, poco claro y rechazado por su público.

Concreción. Capacidad de relacionar los mensajes con la realidad, hacer el mensaje verificable y tangible. No andar por las nubes, aterrizarlo.  Para este caso son muy recomendables las historias, las anécdotas, los ejemplos, las comparaciones, las parábolas….

Dominio del idioma. El orador debe dar ejemplo de un buen uso del idioma. Cumplir con las normas de la gramática, la sintaxis y la ortografía. “Que hablemos bien el español, HABEMOS pocos”, Recordemos que una de las riquezas del español es su forma simple de estructurarse. Si cuidamos el uso apropiado del sujeto, el verbo y el complemento (en ese orden) ya tenemos un buen terreno ganado, sin abusar de los adverbios y adjetivos que sirven solamente para enfatizar o describir pero que pueden distraer u oscurecer.

Persuasión. Siempre que se habla en público se tiene la intención de convencer o persuadir. En este sentido, toda comunicación debe ser intencionada con claridad. No tiene sentido hablar sin intención. Hasta callar debe ser intencionado. Pero siempre, en la vida cotidiana y en la oratoria, la intención de persuadir o convencer debe ser clara. Persuadir es hacer que la gente crea en algo. Si no, son palabras vanas.

Motivación. Es apelar a los instintos y sentimientos para motivar respuestas. La gente, especialmente los comunicadores, le tienen miedo a los sentimientos. Pero es muy importante hablar al corazón de los hombres. La motivación genera respuestas. La misión del orador es entusiasmar al público. Hacer que el público salga con un sentimiento claro de bondad, de hacer algo, de actuar. Motivar es emocionar al público. Los discursos fríos logran resultados helados. Comunicar bien, es motivar a la acción.

Creatividad. Esta cualidad es especialmente escasa en el caso de la oratoria. Suelen escucharse discursos que pudieron haberse pronunciado hace siglos. Creatividad es búsqueda de nuevas maneras y formas. Es hacer que la gente entienda, crea y se entusiasme para actuar de una manera diferente. La creatividad es algo que se interrumpe con el ingreso a la escuela. Solamente los hombres que no dejan desaparecer su creatividad innata dejan huella. Los niños son creativos hasta que los adultos  les prohibimos y frenamos el desarrollo de tan importante aptitud.

ACTITUD

Disposición de ánimo manifestada exteriormente. Las actitudes suelen ser aprendidas, culturales. Nacen de los valores y conocimientos adquiridos a través de la educación del hogar y de la escuela.  Nacen de los ejemplos recibidos. Las actitudes pues son adquiridas y pueden ser enseñadas y transmitidas. Es también la ética para actuar, para comunicarnos, para relacionarnos, para vivirla.

Objetividad. Para lograrla hay que evitar los prejuicios, tan frecuentes en el ser humano. Hay que basarse en las realidades. Buscar las cosas como son, más  que como somos. Evitar los extremismos. Aceptar la posibilidad de que existen diferentes interpretaciones de las cosas, de los hechos. Respetar las verdades de los demás en la búsqueda de una verdad más aproximada. Sopesar, medir, poner en su justo punto. Analizar y buscar el conocimiento profundo.

Ecuanimidad. Tendencia a ser justo y equilibrado. Darle a cada uno de los seres humanos su justo valor. No considerar a nadie ni más ni menos que a otros. Valorar a los demás en su justo punto, con sus diferencias. Aceptar a todos como son sin compararlos en su valor. Justipreciar. Ser  puente en las divergencias.

Integridad moral. Rectitud y honestidad. Coherencia entre lo que se dice y lo que se vive. El mal ejemplo es más elocuente que mil discursos. Si alguien no puede dar ejemplo como líder, es mejor que no lo intente. El escándalo es enorme y los medios de comunicación consideran ese material como “boccatto di cardinale”.

Respeto a los demás. Nace de la valoración que realizamos de los demás de acuerdo con nuestros valores morales y humanos. Todos los seres humanos, no importa su condición, valen como tales.  De pronto cabe el rechazo al delito o al mal, pero nunca el rechazo a un ser humano, por más bajo que haya caído. Los demás, deben ser considerados como seres privilegiados y dignos de todo respeto y consideración.  No existen, en esta categoría, clases sociales. El trato por lo tanto será igualitario y respetuoso siempre y en todo lugar.

Apego a la verdad. Esta actitud que debería ser la constante de todos los hombres pero que no es tan frecuente, se enfatiza para los líderes ya que es la esencia de la credibilidad. “Ego sum veritas”. Por lo tanto el compromiso con la verdad es total así lleve a la muerte. En este sentido la manipulación, también corriente en el medio social que solemos frecuentar, no cabe en el líder. Ni las verdades a medias que son en esencia una forma de mentir. Aunque hay que reconocer que no todo lo que es verdad debe decirse, especialmente cuando se encuentra de por medio la dignidad humana.

Culto a la libertad de expresión. El líder, se caracteriza por saber escuchar, por dejar hablar. Esa es una de sus fortalezas y ventajas. Tiene la capacidad, unida a la de hablar, de escuchar. No habla bien quien no escucha bien, es una verdad incuestionable. Siempre atiende, pregunta, calla. Escuchar es una de las cualidades claves en el hablar bien, de la comunicación efectiva. De hecho el hombre se toma unos cinco años en aprender a hablar y toda la vida en aprender a callar. Todo el mundo habla, casi nadie calla.

Emocionabilidad. Mi madre solía decir: Yo no nací con plata mijo, pero nací con entusiasmo. El entusiasmo marca la diferencia. Si no se demuestra entusiasmo no se convence. El mensaje muy bien estructurado, muy lógico y claro, sin sentimiento, sin convencimiento, no convence. Se entiende pero no se atiende. Un mensaje sin emoción es como un beso por teléfono, insaboro, incoloro. La emoción es el resultado de creer profundamente,  de estar convencido. Nadie convence si no demuestra convencimiento, racional y emotivo.

Capacidad de asombro. La vida hay que gozarla. El mensaje hay que disfrutarlo. La capacidad de asombro es algo que viene con el hombre. Los niños se asombran con todo, lo disfrutan todo. Nuevamente es la cultura la que atrofia esta capacidad. Miremos con detenimiento a los niños. “Si no os hiciereis como niños…” Una persona que se asombra es sana, es sencilla, es  profundamente humana e inteligente. Cada día debe ser una tormenta de asombros. Desde sentir la vida misma, más el disfrutar lo que a cada paso encontramos. Las gentes, las cosas.

Estudio permanente. El papel que la sociedad moderna le ha otorgado al líder es asustador. Es un hombre que debe saber prácticamente de todo lo habido y por haber. Además de ser pulcro, debe ser instruido, poseer el don de consejo, ser mesurado, discreto. Por esa razón el líder debe ser un estudioso permanente. Siempre está estudiando, siempre se está actualizando. No para de preguntar, no para de leer, no para de capacitarse en todo lo que suponga ayuda a los demás. Debe saber algo de medicina, algo de psicología, de pediatría,  de gerontología, y mucho de espiritualidad, de humanismo. No podemos pensar en formar líderes sin antes formar excelentes seres humanos. Este es un reto que pocos están disgustos a asumir, pero es un problema de calidad y también de caridad…

Curiosidad. El progreso de la humanidad está íntimamente ligado a la curiosidad. Esta ha sido el motor del desarrollo. En lo espiritual, en la vida personal, si no se tiene curiosidad no se avanza. Los niños, nuevamente ellos, pregunta una u otra vez: “y  eso por qué”. Da Vinci siempre y a cada momento se preguntaba: Qué pasaría si… y por eso llegó a  ser el hombre más desarrollado de la historia de la humanidad, fuera de Jesús, lógicamente. Pero nuestra cultura afirma: La curiosidad mató al gato. Nuevamente en contra de la capacidad de pregunta que el hombre trae bajo el brazo.

Silencio. Esta cualidad, el silencio, es propia de seres desarrollados intelectual y muy especialmente espiritualmente. El silencio alimenta el alma. Descontamina el espíritu.  Una persona que no sabe guardar silencios está atosigada, envenenada, copada de basura. Los silencios permiten al hombre encontrarse a sí mismo, a los demás y a Dios. Sólo en el silencio se hace posible la vida interior. Pero los ruidos cotidianos a veces nos ahogan y nos hacen perder la perspectiva de lo trascendente.

Buen humor. Curiosa actitud que normalmente no se considera en la vida espiritual. Pero encontramos ejemplos permanentemente. Juan XXIII. El buen humor, además de ser una buena medicina, la risa remedio infalible, es síntoma de inteligencia y limpieza de espíritu. Una persona de buen humor despierta simpatía y refleja transparencia y claridad, es confiable.

Podríamos continuar con más cualidades, actitudes y aptitudes. Pero lo que queda claro, es que para ser hoy en día una persona competente, hay que desarrollar al ser humano en todas sus dimensiones. Es necesario empezar por conocerse, elaborar el mapa personal, luego conocer a los demás, para respetarlos y ayudarles.

El comunicador tiende puentes, crea confianza, motiva, aclara, para facilitar la información, la comunicación, el conocimiento y el entendimiento. Es un constructor de relaciones para lograr objetivos comunes que hacen crecer y avanzar a los seres humanos.

Actualizado, julio 2008

* Decano Facultad de Comunicación Audiovisual, Politécnico JIC, Medellín, Colombia. Periodista, columnista periódico El Colombiano.

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4 Responses

  1. Luz Eneida Santos Torres dice:

    Solicito autorización para hacer un resumen de este contenido y presentarlo a mis estudiantes del curso de Taller de Comunicación Comercial en Español.

  2. El dar a conocer ideas o transmitir un mensaje a un público determinado suele ser una experiencia incómoda, e incluso para algunos, puede llegar a ser tan desagradable que en su mayoría optan por omitirlo de sus vidas sin detenerse a pensar cómo pueden mejorar esas habilidades.

    Les recomiendo que lean este artículo, contiene claves para ser un comunicador excelente.

    http://goo.gl/u2pqun

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